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Los sistemas de navegación aportan precisión en la colocación de implantes cigomáticos

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La pérdida de dientes puede suponer no solo un problema estético, sino también de salud.

La re-absorción del hueso maxilar ocurre de forma progresiva tras la pérdida de un diente, de manera que cuanto más tiempo esté el espacio sin reponer, más difícil será la colocación de un implante para sustituirlo. Cuando ya no queda hueso maxilar suficiente para colocar implantes dentales convencionales tenemos dos formas de resolver esta situación: los injertos óseos y los implantes cigomáticos. 20160614_104853 (1)

El injerto óseo es una opción más invasiva, supone una cirugía con anestesia general, en la que se extrae un bloque de masa ósea de otra parte del cuerpo, normalmente la cadera, y se injerta en la región maxilar. Entre otros inconvenientes, es un procedimiento que se dilata durante aproximadamente un año, que es el tiempo que se estima que tarda en cicatrizar la zona, durante el cual el paciente estará sin dientes o con una prótesis removible que podrá llevar cuando exista compromiso puramente estético, ya que en principio no es recomendable comer con ella. Transcurrido este tiempo de cicatrización se pueden poner los implantes convencionales. El recurso a los injertos implica una serie de riesgos, ya que requiere de una segunda área de intervención, el injerto puede no revascularizarse – por lo tanto, perderse- y se suele disminuir en volumen desde que se coloca hasta que cicatriza.
Frente a los injertos, contamos con los implantes cigomáticos, que se fijan al hueso cigomático o malar (en el pómulo), permitiendo su colocación en pacientes con ausencia de hueso maxilar. El resultado de los implantes dentales cigomáticos tiene un porcentaje de éxito similar a los implantes dentales convencionales y entre sus ventajas destacan la reducción de tiempo de tratamiento, la disminución de los riesgos que tienen los injertos y, sobre todo, la comodidad para el paciente que podrá portar “unos dientes fijos” (una prótesis provisional fija) a las 24-48 horas tras la cirugía que le devuelva la estética y la función a las pocas horas de la cirugía.

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“Lo más innovador dentro de la colocación de los implantes cigomáticos es trabajar con un navegador quirúrgico, una tecnología ampliamente corroborada, que tiene suficiente evidencia científica y hoy día se aplica en neurocirugía (cirugía craneal y cirugía raquídea), otorrino y cirugía maxilofacial”, explica el Dr. Rodrigo Martínez Orcajo, responsable del Servicio de Odontología del Hospital. “Los sistemas de navegación son muy útiles en esta cirugía porque el hueso sobre el cual van anclados estos implantes tiene estructuras anatómicas importantes como es la órbita, el globo ocular, el músculo masetero, nervio infraorbitario y el seno maxilar”.
Esta tecnología aporta a esta cirugía una gran seguridad, excelente precisión y una certeza casi del 100%. “Con el navegador, que actúa a modo de GPS, sabemos en todo momento dónde estamos y dónde se encuentran las estructuras anatómicas, para evitarlas”. “Además el scanner intraoperatorio O-Arm, a su vez, nos permite tomar imágenes antes, durante y después de la cirugía, con las que podemos comprobar si el resultado es el deseado de manera, evitando reintervenciones y asegurándonos al máximo que todo ha ido bien”.

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