Alzheimer en verano, una prueba complicada

Alzheimer en verano, una prueba complicada

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Si hay una patología que podríamos situar entre las más crueles para paciente,  familia y cuidadores, ésta es el Alzheimer. Sí, todas las enfermedades son crueles dependiendo de su gravedad, pero ver a diario a un ser querido al que recuerdas en plenas facultades y comprobar cómo no te conoce, es sin duda una experiencia muy dura.

Desde el Hospital La Milagrosa ofrecemos una serie de consejos para aquellas personas encargadas de ayudar a enfermos de Alzheimer a llevar una vida lo más normal posible, si es que se puede.

– En primer lugar, debemos tener en cuenta que el Alzheimer no afecta a la audición de la persona, y que el hecho de que no nos entienda no tiene que ver con que no nos oiga. Acérquese al enfermo y háblele en tono normal, evitará su nerviosismo y sentirá mayor respeto aunque no se lo diga. Además, utilice frases cortas, sencillas de comprender.

– Vamos siempre muy rápido, pero es hora de echar el freno. Dejemos que el paciente se exprese, tarde lo que tarde. No le corrija, dele tiempo para que reencuentre el hilo de la conversación tantas veces como sea necesario. Sea paciente.

– No trate de cambiar los hábitos de la persona enferma por los suyos propios. Mucho menos sus valores y creencias, ahora los necesita más que nunca. Deberá amoldarse usted en la medida de lo posible. Si esto se hace muy difícil y debe usted desahogarse, hágalo en otro lugar, no delante del paciente.

 – Cuando no consiga ser entendido por medios habituales, use su imaginación. Tome fotografías, dibujos, imágenes de televisión o vídeo. Eso sí, todo con mucha calma, con toda la paz que sea capaz de reunir. Hablar de su pasado es una buena forma de ejercitar su cerebro, le gustará mucho revivir tiempos mejores.

– Es muy importante que al Alzheimer no afecta a los sentimientos de la persona. Siente y puede sentirse herido con mucha facilidad. El mero hecho de verse en esa situación, de tener que aceptar lo que ahora es, ya supone una carga suficientemente grande, procuremos no herir más su sensibilidad, antes al contrario.

Tal vez no pueda expresarlo, pero usted supone el mayor y el mejor, en algunas ocasiones el único apoyo para el enfermo del que se ocupa. Es muy difícil, pero mantenga la calma, trate de averiguar intenciones ocultas, no se desespere. Piense que un simple apretón de manos, un abrazo, una sonrisa, son ahora la mejor terapia, y de eso usted tiene mucho.

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